Porque, para quien escribe estas líneas, organizadora del taller y a título personal, desde la infancia entraron a su oído The Beatles y The Doors a través de su padre y de un género llamado “rock”, se siente hastiada ya de los reiterativos iconos masculinos que exudaron sexo, machismo y romantizados viajes de drogas, de “El club de los 27” y porque, a su modo de ver, algunos de los septuagenarios y octogenarios que subsisten de ese clan, han estado envejeciendo mal y porque información y escándalos suyos se leen por doquier en fuentes diversas y múltiples. Porque, aunque conoció la electrónica desde la primera parte de su infancia de forma no consciente a través del radio y las canciones de pop de la época, no sabía cómo se llamaba ni qué era exactamente. Porque, intenta ahora sumergirse en la impronta femenina lejos del mansplaining buscando su propia metodología.
Porque, durante su adolescencia melómana y pretenciosa, nunca escuchó pieza alguna de compositoras como Alicia Urreta, Suzanne Ciani o Delia Debyshire, “la madrina de la música electrónica” -fallecida el 3 de julio de 2001- mientras se volvía literalmente loca en su casa. Porque aunque ama a Jean-Michel Jarre- el único patriarca sobreviviente de la gran escena setentera masculina de la cual ella desertó- (Isao Tomita, Mike Oldfield, Kraftwerk, Yellow Magic Orchestra, etc) tiene ahora sentimientos encontrados con él. Porque no fue hasta después de los 24 que logró conocer en persona tanto a Annie Lennox como a Laurie Anderson en sus respectivas facetas de conferencista (la musical sigue siendo una asignatura pendiente). Porque no fue hasta los 25 años de edad que entendió conscientemente que en el México de los ochenta a la par del “rock en tu idioma”, existió una escena previa y paralela de synthpop, poco explotada comercialmente... pero hoy un tanto idealizada.
En el extranjero: mujeres que tuvieron otras carreras como Derbyshire (matemática) Oksana Linde (química venezolana). En México surgieron cantantes como Ulalume Zavala, Silvia Candanedo, Roxana Flores, Margarita Saavedra (“Alquimia”) o Gabriela Martínez (“Carmín”) no necesariamente estudiadas profesionalmente, ya sea mediante sus respectivas familias o amistades que estuvieron relacionadas con el arte. Hoy, por fortuna, el recorrido se encuentra más profesionalizado, con carreras de producción musical, lejos del simple autodidactismo, cosa que ha tomado años de esfuerzo y aún hay mucho trabajo por registrar.